La enfermedad de Favre

OPINIÓN. Dani García

La enfermedad de Favre es la enfermedad crónica que lleva a un deportista de élite a reclamar la atención de los medios de comunicación de forma continua. Conocida también con otras denominaciones como ‘la enfermedad de Ochocinco’ o ‘la enfermedad de Guillén’, el individuo experimenta una continua necesidad/ansiedad de que los media hablen sobre su persona para poder rellenar el compartimento interior del ego hasta su máxima capacidad. En el momento que las reservas de ego caen drásticamente debido a que el deportista no carece de la atención necesaria, el individuo puede realizar cuanlquier tipo de maniobra para copar las portadas de toda la prensa y noticiarios. En la especie norteamericana, la raza “footballística”, experimenta los síntomas en los meses estivales debido al desvío de las miradas periodísticas a la temporada de béisbol.

Señoras y señores, bienvenidos por tercer verano consecutivo al circo de Brett Favre. La llamada ‘enfermedad de Favre’ ha vuelto a brotar en los meses de verano. No era suficiente toda la parafernalia desarrollada desde el final de temporada, aquel día de enero en el Superdome de Nueva Orleans con un pase final en forma de intercepción. Favre se lo dejó servido en bandeja de plata a los media: “todavía no he tomado una decisión“. A partir de ahí ha sido cuestión de alimentar a la bestia hasta que se ha hecho una enorme bola. Primavera tranquila y con la llegada de los primeros entrenamientos voluntarios (junio), la rumorología se disparaba. Que si vuelve a jugar si el equipo de Ole Miss de béisbol llegaba a las College World Series, que si se opera/no opera pero no dice nada a los Vikings, que si solo habla con Childress por un par de mensajes de texto…hasta estos días, retirada-no retirada en cuestión de 24 horas. Estos días se pueden calificar media retirada. Es decir, Favre se ha retirado ya dos veces y media de la NFL.

Se trata un circo de dos atracciones, las bestias que son los medios de comunicación siempre sedientos de la sangre de la rumorología y los payasos, que pueden ser los mismos media o el propio Favre orquestando este espectáculo por tercer verano consecutivo. Es algo que ya roza el ridículo. Los hechos no cuadran: Childress viajó a su natal Mississippi la semana pasada y no parece que extrayera conclusiones claras, luego llegan mensajes de texto a los compañeros del pasador de que probablemente se retire, después sale del entorno familiar del jugador que no se va a retirar, y la palabra final es que jugará si está en condiciones físicas por la rehabilitación que está haciendo de su tobillo dañado. La fecha: 5 de Agosto, el comienzo de la temporada es en un mes.

Una vez puede pasar, te retiras del equipo de toda tu vida y llega un equipo necesitado (Jets). Dos, es perdonable si es el mismo caso que el año anterior (Vikings). Pero lo de este verano es pura parafernalia de un jugador que siempre ha mostrado claras evidencias de un ego que no cabe dentro de su cuerpo. Aunque sean falsos todos los hechos acaecidos durante estos días, el culpable de que surga esta situación es el mismo Favre por mostrar tan poca transparencia (lo que crea una cascada creciente de especulación) a los aficionados al football, a la organización de los Vikings, a sus compañeros y, más importante, los fans de Minnesota. A todos esos elementos les sigue faltando al respeto. Su sed de ser el centro de las noticias ha nublado de tal manera su vista que está jugando con las ilusiones para esta temporada de una afición entera, tiene en vilo a un cuerpo técnico que no sabe si tiene a día de hoy un líder sobre el campo a un mes del comienzo de la campaña y desprecia a los aficionados al football creyendo que nos hemos caído de un árbol hoy.

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